Festejos taurinos y fiestas religiosas ; Si tienen que ver Maru Ibañez

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FESTEJOS TAURINOS y FIESTAS RELIGIOSAS ; Sí tienen que ver
Publicado el 14 Agosto, 2017 por maruibanez

Los de Casasimarro se han quedado sin poder ver la película “Santa Fiesta” en su auditorio municipal porque su Sr. alcalde la ha censurado aludiendo a que “no va a consentir que se relacione la Iglesia y los actos religiosos con el maltrato animal”.

Con esta despótica actitud pretende este Sr. coartar los legítimos derechos de libertad de expresión de ciudadanos de un Estado laico. No sé si lo conseguirá, pero lo que no va a poder hacer el Sr. alcalde es cambiar la historia por mucho que le duela.

Y es que no se trata de una cuestión de “consentir”, sino de aceptar y reconocer la historia de nuestro país, pues es indiscutible que esa ¿inexplicable ? vinculación existe. Y eso lo reconoce la misma Iglesia sin parecer escandalizarse. ¿Por qué, si no, permanece callada ?.

Esa relación entre festejos en los que se maltratan animales y fiestas religiosas es real y la Iglesia, claro que lo sabe. Lo sabe, como lo sabría este Sr. si indagara en la historia.

Sabe que las celebraciones religiosas (Corpus, Festividad de la Virgen de agosto, o la de San Juan principalmente, así como las Fiestas Patronales) y los festejos taurinos populares, nacieron de la mano a finales de la Edad Media.

Así es, fue a partir de finales del siglo XIV cuando comenzaron los municipios, a instancias de cofradías y párrocos, a ofrecer “votos de toros” a sus santos patronos coincidiendo con las incipientes Fiestas Patronales que por entonces comenzaban a celebrarse en agradecimiento a los favores celestiales recibidos.

Así, el toro ensogado de Siles se iniciaría por devoción a San Roque, los festejos taurinos de Pamplona se vincularon a San Fermín, en Soria florecía la Fiesta de las Calderas y sus comilonas con los toros sacrificados por San Juan, mientras en Tordesillas acribillaban al toro en honor a la Virgen de la Peña, y los de Villalpando lo maltrataban al tiempo que lo arrastraban por las calles para homenajear a la Purísima.

(De hecho en una enciclopedia católica de finales del s. XIX (“Diccionario de Ciencias Eclesiásticas…”) dice expresamente que fue en 1374 cuando la villa de Roa, afligida por cruel peste, hizo voto de correr cuatro toros , con aquel fin).

También sabe la Iglesia que no todos los festejos taurinos populares asociados a fiestas religiosas que se celebran hoy día en cientos de pueblos de nuestra tierra hunden sus raíces en este fatídico siglo XIV. Algunos, como el toro de cuerda de Benavente en Zamora, el de Chiva y Ontivent en Valencia, los de Beas de Segura y Grazalema en Cádiz, o el de Carcabuey en Córdoba, nacieron en una segunda época de eclosión taurina popular : la del s. XVII, coincidiendo precisamente con otra fase de profundísima crisis social y económica en nuestro país, a la vez que de intensa religiosidad impuesta por los dictados de la Contrarreforma. Fue en este siglo cuando las fiestas del Corpus alcanzarán su máximo apogeo y a ellas se incorporarán festejos con toros. Pero la principal “agraciada” en recibir las ofrendas taurinas será la Virgen (en especial la Inmaculada), y a ella le dedicarán sus toros de cuerda los de Chiva, Ontivent, Grazalema, o Carcabuey entre otros .

Es más ; junto a algunas de las ermitas marianas, las cofradías comenzaron en este siglo a construir las primeras plazas de toros rectangulares, con el fin, no cabe duda, de que fuera allí, junto a la Virgen, donde el pueblo, después de la romería, pudiera “ofrecer” en su “honor” el sacrificio del animal al que luego se zamparían en fraternal comida. Rudimentarias plazas de toros que aún hoy podemos observar junto a ermitas, como la de las Virtudes en Santa Cruz de Mudela, la de Nuestra Sra. de la Carrasca en Villahermosa, la del Santuario de la Virgen de las Nieves en Almagro, (todas en la provincia de Ciudad Real) ; o la ermita de Belén en Puebla de Sancho Pérez (Badajoz), así como las que se levantaron en Vizcaya, zona de las Encartaciones, entre otras muchas.

Y no acaba ahí la cosa. Durante esta segunda eclosión de festejos taurino-populares-religiosos ocurrida en el s. XVII, más poblaciones se incorporarán a esta delirante “práctica taurina-devocional”, a la vez que se fueron introduciendo nuevas modalidades de torturas al animal, como lo fueron las de los “toros de fuego”.

Así, en Medinaceli, estos toros con fuego en los cuernos, cuyas primeras referencias documentales aparecen descritas en 1559 como un festejo profano celebrado para homenajear al rey Felipe II en su paso por esta localidad, fueron luego vinculados por la Iglesia local con las festividades religiosas de conmemoración a sus “Cuerpos Santos” : los de los mártires Arcadio, Probo, Eutiquiano, Pascasio y Paulino.

(Sería por imitación, que desde allí (Medinaceli) estos terribles festejos taurinos (toros de fuego) se fueron extendiendo a otras localidades de la región del Maestrazgo y poblaciones valencianas. Y todas lo fueron haciendo vinculándolos a sus fiestas patronales.)

Todo esto es historia, y no la podremos cambiar. Lo que verdaderamente resulta escandaloso es que hoy en día, en pleno siglo XXI, siga la Iglesia callada y condescendiente ante esta absurda y aberrante vinculación, máxime sabiendo el profundo rechazo que estos festejos provoca en muchos de sus feligreses. Es más, asombra sobremanera que siga consintiendo que nuevas poblaciones se sumen a estas delirantes muestras de devoción patronal. Pues no cabe duda de que, entre otros, los numerosísimos festejos taurinos celebrados hoy en día en muchos pueblos de Tierras del Ebro y Comunidad Valenciana no tienen ningún origen centenario. Muchos de ellos comenzaron a celebrarse precisamente tras la llegada de la Democracia, en la década de los 70, cuando nuestros “flamantes” políticos derogaron la circular 32/1963 por la que se prohibían los espectáculos que implicaban maltrato a los animales. De esta absurda manera, nuestros demócratas volvieron a abrir la caja de Pandora, permitiendo de esta forma a las gentes de los pueblos volver a sacar su vena bravucona-toreril para acosar y maltratar toros en los más variopintos festejos que por entonces se volvieron a poner en práctica, a la vez que se consentía que nuevas localidades copiaran el afán toreril de “los de al lado” para comenzar ellos mismos también sus gestas taurino-pueblerinas.

Es más, hoy en día siguen aumentando los pueblos que añaden festejos taurinos a sus fiestas patronales, sobre todo en la Comunidad Valenciana. Y todo, porque el Reglamento que los regula es tan abierto y poco escrupuloso que autoriza a todo aquel que quiera celebrarlos sin necesidad de demostrar antigüedad alguna. Es por ello que van proliferando los festejos de toros de fuego, la suelta de vaquillas, los toros al mar… Y todo, en “honor” a sus santos patronos y sin recibir objeciones por parte de la Iglesia.

Eso es lo que no se entiende y lo que este Sr. alcalde no debería “consentir”.

María Luisa Ibáñez

Granada